Término límite, termina.
La frontera absoluta es siempre -tan sólo- traslúcida.
Hablar de límite es ya, casi, casi, como hablar de un amigo. Tal vez, de esos pen-pals de vieja usanza que uno armaba cual rompecabezas…
Sin embargo, la nuestra es una relación extraña. Aunque no pareciera recíproca, lo es radicalmente. Yo divago, le hablo y, aunque, quisiera creer que es como jugar a las escondidas; que no me contesta; que siempre está allí en algún punto secreto que intento alcanzar, listo para que le observe y le estudie: me doy cuenta que no lo es. Yo le habito, lo incorporo; soy impregnada, le manifiesto.
No me es posible ser ajena a un o unos límite(s), en cada imagen que escogí, en cada punto en que me interesé, en cada palabra que usé, en cada apunte que tomé para que se diera un intercambio, límite se estuvo delatando.
Así, entonces, para terminar le adivino… trato de poner las piezas de este rompecabezas ordenadamente y sentirle:
Límite nos permite tocar lo que no existe… todavía.
Existe la tentación porque hay límites y existen límites por el miedo a caer en la tentación.
Límite es ese último punto indefinible sobre el que algo existe y persiste.
Límite es una línea indemostrable que se va trazando, se va moviendo, se va redefiniendo.
Límite es sólo un trozo. ¡Oh, pero un trozo de inimaginables dimensiones!.
Límite sintetiza su doble sentido <dentro> - <fuera>.
Límite se da en todas partes. Al ser increíblemente poroso, todo lo invade.
Límite contagia.
Límite es el fundamento de múltiples dimensiones. Se da la oportunidad de saltar y desprenderse de cada ámbito mientras sigue siendo una de sus partes constitutivas.
Límite es celoso, porque límite separa al Ser de lo que trasciende absolutamente; es decir: Existir.
Límite es topológico y topográfico. No sólo se despliega, también muestra y revela.













